Cuido mi fuego

Se apagó mi fuego.
Llegó el agua y lo ahogó. La tierra se convirtió en polvo que lo cubrió.
El aire sopló tan fuerte que lo hizo extenderse tanto que devoró todo a su alrededor, hasta que solo pudo devorarse a sí mismo.

Lo contemplaba y pensaba en él, me olvidé de alimentarlo.
Se apagó mi fuego.
El agua no regó la tierra donde nacen los árboles y murió de hambre, otra vez.
La tierra se abrió y lo arrojó al abismo. El aire no sopló, no lo hizo bailar y se extinguió ahogado.
Salí a buscarle alimento y me olvidé de él.
Las lágrimas regaron la tierra seca. Mis gritos le dieron vida al aire trayendo nuevas semillas que cayeron en la tierra regada por mis lágrimas y nutridas por la ceniza de mi fuego. Crecieron árboles. Recogí leña.
Construí un hogar para mi fuego. Para que estuviera protegido, para que no desbordase y acabase con todo de nuevo. Me senté a verlo bailar.
Mi fuego arde.
Cuido de él que me calienta, protege e ilumina. Cuido del agua que me sacia, riega, lava y apaga.
Cuido la tierra que sustenta, provee y permanece. Cuido del aire que alienta, inspira y alimenta.
Cuido mis pensamientos, mis intenciones y mis palabras.
Cuido mi fuego.

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